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las maravillas del circo - alejandra cassino

Page history last edited by pepa 10 years, 10 months ago

Las maravillas del Circo

 

Debo decir que nunca me gustó el circo. Los payasos me daban pena, quizás por el poema sobre Garrid que mi abuelo solía recitar; y, los animales me hacían llorar. No entendía cómo podían entretener o estar felices y provocar alegría cuando eran obligados, con latigazos de por medio, a hacer sus rutinas.

Con este espectáculo, mi madre se deprimía. La tarde familiar del domingo en vez de terminar comiendo churros con chocolate en el centro de Santiago, culminaba en casa con su hija llorando angustiada y con la promesa de que nunca más me llevaría al circo. Tenía 7 años y soñaba con vivir con muchos animales, quizás ser veterinaria y poder ayudar a los animales que había visto esa tarde.

Este recuerdo pueril volvió potente como un rayo esta mañana. Haciendo zapping en la señal abierta y ya harta de ver el último romance de Zutanita con Periquito, ¡Zas! Me topo con Andrés Baile vestido de púgil -escena de por sí ridícula-, enfrentando a un canguro boxeador.

La jugarreta “marketinera” del Circo de los Hermanos Fuentes Gasca, socio comercial del Circo los Tachuelas,  consistía en que  el periodista azuzaba al canguro y el animal respondía, pero si el golpe venia fuerte o se iba encima entonces el adiestrador tiraba fuertemente el collar del canguro. Sin duda un gran espectáculo que demuestra que la tontera, el morbo y la insensibilidad de las personas no tiene limite.

Si bien el boxeo nunca ha sido uno de mis deportes favoritos, al menos en él los boxeadores de común acuerdo saben que se zurrarán con toda su fuerza en el escenario. ¿Qué diría Vargas, Cruzat o de la Hoya si en el ring les tiraran del cuello cada vez que le asestaran un golpe al contrincante?

Sencillamente ridículo. Un atentado a la lógica del deporte sólo superado por el absurdo permanente de exhibir chimpancés que fuman, leones y tigres que atraviesan aros de fuego, elefantes que se sientan en diminutos taburetes, delfines que saltan y hacen peripecias cada 4 horas en parques acuáticos y osos que patinan.

¿Qué tienen de educativo estos espectáculos? ¿Qué tradición chilena se rescata en estos shows de animales maltratados? ¿Qué valores fundamentales se defienden al encerrar animales de por vida en diminutas jaulas y trasladarlos por todo el continente o al comercializar animales que en su mayoría son producto del tráfico? ¿Cómo se pretende que esta sociedad sea respetuosa, cuando se celebra el maltrato, la vejación y el quebranto de las voluntades?

Con horror veo cómo las hojas del calendario van cayendo y septiembre se acerca. Cada día recibimos más denuncias de animales en condiciones deplorables y la autoridad en un intento de hacer “algo” incauta animales y si no tiene a dónde llevarlos se los devuelve a sus dueños porque nunca ha estado en sus planes construir un centro de rescate y rehabilitación de grandes mamíferos, cuestión que es parte de la Convención CITES que regula el comercio de animales y que Chile suscribió en 1975.

Pero por qué no ir más allá. Por qué no suprimir de una buena vez los circos con animales en Chile. Por qué no atreverse a marcar un hito para el Bicentenario. Pero un hito real, que incida en las generaciones futuras.

Algunos dirán que no estamos maduros, que la sociedad no está preparada, que en Timbuktu todavía usan tambores. Excusas hay de las más variadas e insólitas, pero la verdad es que no hay voluntad y en época de elecciones menos, pues varios honorables usan a los circos cómo parte de sus campañas.

Pero no todo está perdido. Los animales nos necesitan. Somos su única esperanza. No los abandonemos.

¡Viva el circo! Pero sin animales.


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Alejandra Cassino Marcel

Periodista

09 235 1982

 

 

 

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